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EVANGELIO Y REFLEXIÓN DIARIA. FRAY MANUEL DÍAZ BUIZA

¡Atrévete a pedir!


09 octubre 2014

San Lucas 11,5-13. 

Jesús dijo a sus discípulos: 

"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes, 

porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle', 

y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'. 

Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. 

También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. 

 Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. 

¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? 

¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? 

Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!". 

Si ayer descubrimos la oración del Padrenuestro, hoy el evangelio nos presenta cuál debe ser la actitud interior del que se dirige a un Dios que es Padre y amigo del hombre. 

La insistencia, la perseverancia, el pedir sin desfallecer, esa es la actitud de quien sabe que llama al corazón, más que a la puerta de un gran amigo con confianza, con la certeza confiada de obtener.

La oración nunca es una perdida de tiempo ni un desafío a un Dios lejano y sordo. La oración tiene siempre una respuesta positiva. Un padre por el hecho de ser padre no puede mas que dar cosas buenas y positivas a su hijo. Por eso, la oración cristiana aunque parezca que no tener respuesta según nuestra lógica tan terrena, en realidad es escuchada. Siempre se nos da el don por excelencia el don de los dones, el Espíritu Santo, que se le concede siempre a quien ora. 

En la oración, es el mundo de Dios el que se me concede contemplar. Orar es dejar que venga Dios a decirnos su nombre y el nuestro:Él es Padre y nosotros somos sus hijos. De esa forma la oración nos evangeliza, ya que nos enseña que Dios no está en el extremo final de un razonamiento, sino en el asombro de un corazón que se descubre amado. 

¡Atrévete a pedir! No desde la insolencia de un hijo caprichoso y mal educado, sino desde la prerrogativa de un hijo que puede permitirse todo, porque "somos de casa". 

¡Paz y bien!


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