Septiembre 17
A interpretar a Francisco fiel y piadosamente nos induce, como testimonio verdadero e irrefragable, el sello de su semejanza con el Dios viviente, esto es, con Cristo crucificado, sello que fue impreso en su cuerpo no por fuerza de la naturaleza ni por artificio del humano ingenio, sino por el admirable poder del Espíritu de Dios vivo.
(LM Pro,2)














