Septiembre 24
Así pues, una noche en que se sentía más agobiado que de ordinario por varias y dolorosas molestias , comenzó a compadecerse de sí mismo en lo íntimo del corazón. Mas para que su espíritu, que estaba pronto, no condescendiera, cual hombre sensual, con la carne, ni por un instante en cosa alguna, mantiene firme el escudo de la paciencia invocando a Cristo. Hasta que al fin, mientras oraba así puesto en trance de lucha, obtuvo del Señor la promesa de vida eterna.
(2C 213)














