(Tiempo, Talento, Transmitir y Tutoría)
TIEMPO para la reflexión, para el silencio interior y para pensar cada día sobre el modo de hacer las cosas mejor y de modo más adecuado. No debemos perder la oportunidad de realizar aquello que se ha madurado en la reflexión. Tiempo cada día, al menos quince minutos; una hora a la semana; media jornada al mes y una semana al año… Un tiempo que deberá orientarse en función de las necesidades humanas, comunitarias, laborales, sociales, espirituales o de otra índole.
Este tiempo en la vida espiritual y pastoral puede tener esos momentos necesarios de celebración de la fe, la oración y la búsqueda de ese horizonte que nos ilumine en el camino, como faros lucientes para no perderse.
TALENTO, según los dones que hayamos recibido para mejor ponerlos al servicio de los demás, y responder a aquello que la vida y el Evangelio nos van planteando. Es importante descubrir los talentos personales para vivir de modo felicitante y poderlos aplicar como llamada vocacional. Me he de preguntar: ¿para qué sirvo?, ¿con qué dones me siento realizado?, ¿cómo me formo para seguir creciendo en ellos?… Todo esto hay que hacerlo sin prisa y con paciencia, para que la decisión sea la adecuada a las posibilidades reales de las que dispongo: formación, recursos, carismas…
Son los carismas los que nos descubren que todo lo que somos no depende solo de nosotros, sino del Dador de todo bien; nos recuerdan las mociones del Espíritu, que gime en nuestro interior.
TRANSMITIR positivamente aquello que quiero comunicar, para superar las negatividades que me frenan y me impiden avanzar. Entrar en contacto con quienes pueda aupar y levantar, evitando enredarnos en críticas y desacuerdos que desajustan el crecimiento empático y fraterno. No criticar por criticar, y ser más creativos/as y propositivos/as en la acción en la que hemos de implicarnos. Eso es evangelizar, transmitir la Buena Noticia del Evangelio como oportunidad de liberación y salvación, que aligera el peso de la vida para vivir la libertad de los hijos de Dios.
TUTORÍA-acompañamiento que no suene a infantilismo, sino a mediaciones que nos ayuden a salir de las situaciones complicadas. Se trata de aprender de los maestros de la vida, de los que ayudan a avanzar. Personas que te corrigen con amor y te aconsejan con paz y paciencia, para mejor realizar un buen discernimiento. Se trata de dejarse orientar en el camino de la vida ante las diversas respuestas que hemos de dar, ante los retos que se nos presentan, y desde ahí avanzar de modo adecuado con libertad y decisiones compartidas para acompañar y dejarse acompañar.
La experiencia de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) es un buen itinerario a seguir para reconocer tanto don recibido y comunicar a los demás lo que “hemos visto y oído”.
El camino franciscano, a la luz del santo Evangelio,
nos invita a dejarnos encontrar y transformar por Cristo
para vivir la Reconciliación, la Justicia y la Fraternidad, y
comunicar con nuestra vida la Buena Noticia que hemos recibido.
Fray Severino Calderón Martínez, ofm
