¡Hola, Jesús!, amigo, que llenas y sostienes todo en la existencia. Para encontrarte puedo mirar hacia fuera, y estás. Puedo mirar hacia adentro, y estás.
Claro que nos gustaría ver tu rostro, el que paseaste por Galilea, llegar a poder decir lo que dice San Juan en su primera carta: “lo que vieron nuestros ojos, lo que palparon nuestras manos… de Aquél que es la Palabra de la Vida…”.
A nosotros nos toca la suerte de ser dichosos porque creemos en ti sin haberte visto con los ojos de la cara. Qué buenas noticias tus palabras de hoy. Vives en nosotros y nosotros vivimos en ti. ¡Estás en Dios y tu Vida circula por nuestra vida como la savia pasa de la vid a los sarmientos!
¡¡Y tienes cuerpo que se puede ver y tocar como se toca el pan, como se toca a un enfermo, como se abraza a un amigo porque ahí estás y ahí nos esperas!!
Desde el principio nos desconciertas total. ¿A quién se le ocurriría ir a buscar a Dios en una cueva en Belén o en un ajusticiado en el monte Calvario? ¿A quién se le ocurriría ir a buscar a Dios en un trozo de pan o en una persona herida y necesitada?
Y tú has decidido seguir corporalmente presente en el pan partido, en el vino derramado, en el pobre, en la Comunidad de discípulos…
Tú eres la Cabeza de este Cuerpo que formamos todos. Somos tu cuerpo, somos el cuerpo donde la gente te puede ver. La Comunidad de discípulos, la Iglesia, es, puede ser, tiene que ser y transparentar tu cercanía, tu amor exagerado, tu cuidado…
Pero lo hacemos tan mal… que en lugar de transparentarte, te escondemos. No encuentran en nosotros “lo tuyo” y en lugar de atraer a la gente, los espantamos.
Creo que hemos subrayado bien que estás en la Misa, en el Sagrario, pero no hemos subrayado que estás herido en el pobre que nos necesita y que encontrarnos con él es también encontrarnos contigo. Por eso, hay cristianos que van mucho a Misa y no van casi nunca a verte en un enfermo, que abren la boca para recibirte en la comunión y no abren el corazón para recibir al hermano.
Señor, tu Cuerpo está roto, descuartizado. Nos queremos poco, no construimos comunidad. Tendrás que hacer un milagro con nosotros.
Que en cada comunión te acoja a ti que estás en el pan y que tenga claro que contigo vienen también mis hermanos.
Bitácoras
