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La vida Religiosa: Hoy (V)


21 Julio 2025

El dos de febrero, fiesta de la presentación del Señor en el templo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este día, en las diferentes diócesis, las personas consagradas (monjas, religiosos, religiosas, institutos seculares, vírgenes consagrados, eremitas, nuevas formas de vida consagrada…) se reunirán en torno al Obispo para manifestar la eclesialidad de la vida consagrada y su importancia decisiva en la Iglesia.

Una Iglesia sin vida consagrada es una Iglesia empobrecida. No porque las personas consagradas sean más buenas o más santas, sino porque la vida consagrada manifiesta la riqueza y abundancia de carismas y de estilos de vida que hay en el cuerpo de Cristo. Y esas personas, con su forma peculiar de vivir, no sólo por su voto o promesa de castidad, sino por el conjunto de su vida, señalan la meta a la que está llamado todo cristiano, esa meta en la que Dios será todo en todas las cosas, o sea, el determinante de toda la realidad y, por eso, ya no hará falta tomar mujer ni marido, porque todos estaremos colmados por el amor de Dios y por el amor sin límites y sin mentiras de los hermanos.

Una de las cosas que más necesita la gente, y también los consagrados, es esperanza. Sin esperanza la vida se vuelve triste, pierde fuerza, no tiene alma. Hoy algunos miden la vitalidad de la vida consagrada a partir de los números: ¿cuántos novicios tiene la congregación? Grave error, porque los números no significan gran cosa y siempre dan uno u otro resultado según con que otros números se los compara. Quién sostiene la esperanza es Dios. Según cuál sea nuestra relación con Él, así será de intensa nuestra esperanza. Por eso, lo importante en la vida consagrada es la fidelidad, la misión... Y, por supuesto, en el caso de la vida religiosa, la comunidad. Pero todo esto está sostenido por nuestra fe en Dios.

El camino es permanente. Caminando en la fe, en la fraternidad, en la misión, en el servicio a los hermanos. Caminando significa también actualizar el carisma, ponerlo en consonancia con las necesidades actuales de la Iglesia y de la sociedad. Las obras pasan, el carisma permanece. El carisma es creativo, busca siempre caminos nuevos. Un carisma que no se actualiza se muere. La repetición puede ser la mayor de las infidelidades. Caminando en esperanza. Los caminantes necesitan esperanza, tener garantías de que de su camino es el bueno porque conduce a la meta deseada.

Esperanza porque sabemos que, a pesar de nuestros límites y nuestra pequeñez, el Señor no nos abandona. La vida consagrada es semejante a una semilla que parece muy pequeña, pero los buenos labradores saben que un día se convertirá en un árbol frondoso. Si solo miramos a la semilla, nos desanimamos. Si nos imaginamos el árbol frondoso, caminamos alegres y seguimos avanzando aunque, a veces, el camino sea duro.

En estos momentos de la historia de nuestra Iglesia que peregrina en España, hay que decir: “Sí, aún pintamos algo en estas sociedades post cristianas”. Lo cual tenemos la necesidad de “interrogarnos cuál sería nuestro lugar en este aquí y en este ahora”. Debemos plantearnos los principales desafíos a los que nos enfrentamos los consagrados:

Debemos afianzar la “Relación-Diálogo”, pues, cuando la vida consagrada pierde relación-diálogo de la realidad, comienza a ser una vida estéril. Desde el convencimiento de que “somos seres en relación”, planteó las diferentes exposiciones de la necesidad de “tejer unas relaciones nuevas de diálogo”. Ante ello debemos tener una mirada a las raíces carismáticas, a no quedarse anclados en la nostalgia, sino a emprender “un nuevo proyecto de vida con y desde Dios”.
Sólo la comunión no puede ser entendida como “una suma desordenada de presencias”. El salto pasa por vivirla como “una presencia coral” en y desde la Iglesia.

Debemos asumir desde la conciencia de la falta de un relevo generacional, tenemos que realizar un llamamiento a “abandonar la inercia de las estructuras y optar por la vida de Jesús con todas sus consecuencias”. Es esta una manera, una propuesta a los consagrados vivir como “seguidores de un Cristo humilde y vulnerable”.

Con la premisa de que “algo nuevo está naciendo”, valoramos el camino iniciado en aras de promover la misión compartida con los laicos, así como los pasos dados en internacionalización y multiculturalidad de las congregaciones. Eso nos lleva a lanzar un “no” a la resignación y lanzar una invitación a ser creativos.
Somos conscientes de que la complejidad del mundo actual hace que “no podamos responder a todos los problemas”, porque los consagrados están llamados a “estar al lado de los que sufren”, a entender la hermandad que propone ‘Fratelli Tutti’ desde la proximidad. Tenemos que ser agradecidos e invitados a vivir en actitud de “gracia” a la vida consagrada por el don recibido, con la mirada puesta en Pentecostés.