Nicea, en el fondo de la Fe
Hoy, 20 de mayo de 2026, se podría cerrar el “Año Jubilar” o conmemorativo de los 1700 años del Primer Concilio Ecuménico. El de NICEA. Convocado por el emperador Constantino I, el año 325, al que asistieron 318 obispos de toda la cristiandad. O podría clausurarse la conmemoración el 25 de julio fecha en que se cerraron las “sesiones” doctrinales sobre la Trinidad, pero sobre todo sobre la divinidad de Jesucristo: “Dios verdadero de Dios verdadero… consubstancial al Padre”. (De la misma naturaleza, lo entendemos mejor, si nos enzarzásemos en la traducción del término griego homoousios (homós ousía = misma esencia o naturaleza).
Arrio de Alejandría salió de Nicea condenado, pero se mantuvo en sus trece. Le siguió un buen número de obispos y contaron con el apoyo imperial de Constancio II y Valente que persiguieron a obispos “nicenos”, como San Atanasio o San Cirilo de Jerusalén. Los arrianos llevaron la fe tintada de sus ideas hasta a los pueblos bárbaros: (vándalos, visigodos, ostrogodos…) que invadieron el imperio romano europeo, hasta saltar, por la península ibérica, al norte de África. Arrianos fueron los hispanos hasta Recaredo y el III Concilio de Toledo (589).
He titulado Nicea, “en el fondo de nuestra fe”, por referencia a la historia de la ciudad.
Está situada en la región de Bitinia, en la que quiso entrar a evangelizar san Pablo en su segundo viaje y “el Espíritu de Jesús no se lo consintió” (Hch 16, 7). Cerca pasó el apóstol con “su equipo evangelizador” (Silas, Timoteo y Lucas, el reportero), dirigidos por el Espíritu y la visión del macedonio, a Europa: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hch 16, 8-10)
Nicea-Nikaia, de NIKE=Victoria, le viene por el nombre de la esposa de Lisímaco, general macedonio de Alejandro Magno y luego diodokos = sucesor. Año 300 a.C. (Aquellos macedonios inmortalizaban a sus esposas dando su nombre a las ciudades que conquistaban o reconstruían).
La ciudad de origen griego, pasará a ser ciudad romana que, bajo el emperador Constantino; tendrá un gran desarrollo, con palacio imperial, en el que se celebró el primer concilio ecuménico. Gran parte de la ciudad, con el palacio y la iglesia de san Neóphitos, quedaron sumergidas en las aguas del lago Nicea, consecuencia del gran “terremoto del Golán“, (año 749), llamado así porque su efecto destructor llegó hasta las tierras de Palestina.
El año 2014, al haber descendido el nivel de las aguas, equipos arqueológicos pudieron contemplar, estudiar y mostrar lo que de la ciudad romano-bizantina han guardado las aguas cristalinas del lago de Nicea.
Cuando visité Nicea, hace cincuenta años, dentro de un viaje de estudio bíblico, evangélico, histórico de las tierras del Asia Menor o Anatolia, con el prestigioso escriturista de L´Ecole Biblique e Archeologic de Jérusalem, P. Pierre Benoit, nada sabían de lo que ocultaban las aguas del lago ni él ni el guía turco.
No vimos lo que hoy se ve. Lo que nos mostraron las cámaras televisivas el día 28 de noviembre de 2025, por el encuentro ecuménico del papa León XIV, los patriarcas Bartolomé I y de otras iglesias orientales y también las iglesias nacidas del protestantismo. Todos proclamando, a una sola voz, que nuestra fe está sumergida, pero no ahogada; sólidamente fundada en la que se proclamó en el concilio de Nicea hace 1701 años:
Que Jesús, el Mesías, el Xristós, es la segunda persona de la Trinidad, el Hijo, engendrado, no creado, consubstancial al Padre...
Fr. Teodoro López
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