No me refiero a retransmitir la misa por feisbuk o yutuv. A eso ya hemos aprendido y, aunque os ha costado lo nuestro, lo hacemos de vez en cuando. De hecho, ya lo teníamos todo preparado para hacer el Adviento así, incluido algún que otro Retiro virtual, para la gente de los Encuentros de Oración o de las Familias Franciscanas. Pero me refiero a Dios-Dios. A llevar la sagrada la comunión. Porque la misa por la tele, por la radio, o en internet, está muy bien, pero, en el momento de la comunión, la tienes que hacer virtualmente, la “comunión espiritual” que se ha dicho toda la vida y que se ha utilizado siempre en los momentos en que no es posible asistir físicamente a la eucaristía. Es decir, montar un servicio (un “ministerio”, una “diakonía”) de llevar la comunión por las casas. No sé si eso se podrá hacer en estas circunstancias. Con los enfermos es lo que se hace habitualmente en los conventos y parroquias, y personalmente, y como sacerdote, crecí un montón haciendo ese servicio a los enfermos e impedidos de la Iglesia: el regalo me lo hacían ellos a mí, enseñándome, con su fe honda y su devoción limpia a superar el dolor y todo lo malo. Ya digo, no sé qué dirán los obispos. Además, habría que ponerse de acuerdo con los párrocos del pueblo, cosa que no es problema porque somos amigos. Y también llevar mucho cuidado, y mucha higiene, con “epis” eucarísticos y toda la pesca, aunque sea un engorro cambiarse de ropa cada vez y desinfectar todo. Y, al volver al convento, tres cuartos de lo mismo, porque esto es clausura y está feo dejar que entren dentro los virus.
Aquí en el convento somos cinco. Dos frailes son ya personas de riesgo, por años o enfermedad, pero los otros tres estamos en edad de merecer. ¿Y qué mejor merecimiento que ser camareros de Dios ?, dicho sea con el debido respeto, por supuesto, porque hablamos de la Eucaristía. Sería como la Navidad, pero a domicilio. Según San Lucas, es lo que hizo la námber guan de los misioneros, que fue la Santísima Virgen María: la primera que llevó a Cristo (gestándose ya en su vientre puro por obra del Espíritu Santo), cuando fue a servir a domicilio a su parienta Isabel. De hecho, San Francisco decía que cada misa era como la noche de Navidad. Tal cual. Y lo escribe él mismo, por si no te lo crees: «Ved que diariamente se humilla, como cuando desde el trono real descendió al seno de la Virgen; diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia; diariamente desciende del seno del Padre al altar en manos del sacerdote» (I Admonición, vv. 16-18). Voy a darle una pensada. O, mejor, se lo digo ahora mismo a mis frailes, a ver qué opinan ellos. Si eso luego te cuento, aunque me huelo que va a ser ya pasadas las fiestas. Quedamos en eso.
Bitácoras