Valencia celebra una emotiva Jornada Jubilar Franciscana
El día 16 de mayo estaba marcado en el calendario de la gran familia franciscana con el signo de la ilusión. Y es que, una jornada jubilar en el contexto del 800 aniversario del tránsito de Nuestro Seráfico Padre no es para menos.
A las 10:30, en el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, en Valencia, se daba la bienvenida, bajo la guía y funcional organización de los hermanos menores del mencionado convento, a más de setenta personas, pertenecientes la mayoría a las distintas órdenes que componen el franciscanismo, y también a muchos otros que reciben formación en el Centro de Espiritualidad que allí radica.
Reunidos en el salón de conferencias, los asistentes han podido escuchar una interesante disertación a cargo del Padre José Luís Coll, OFM, que ha versado en primer lugar sobre el sentido y significado del año Jubilar decretado por el Papa León XIV. En él, se persigue una conversión sincera del corazón; volvernos con todas nuestras potencias a Dios y experimentar el amor del Señor que sana y purifica; prepararnos para ser receptores anhelantes del amor que Dios derrama sobre cada uno de nosotros. Seguidamente, el hermano José Luís, ha dirigido a los concurrentes unas conmovedoras y sentidas palabras acerca del legado de Francisco. Ha destacado la profundidad de la huella que el Santo de Asís ha dejado en multitud de corazones de todas las épocas que han tenido conocimiento de él. Ha subrayado dos momentos clave en su conversión: por un lado, el encuentro con el leproso, dónde El Poverello, se ve embebido de una misericordia que ya no le abandonará, y en segundo lugar, el encuentro con Dios, a través del crucifijo de san Damián. Es precisamente, a partir del ejemplo de Francisco, que se trata de profundizar en el proceso de conversión personal al objeto de impulsar, gracias a un movimiento espiritual del corazón, la mejor versión cristiana de cada uno de nosotros. Las semillas que Francisco sembró y que nosotros modestamente tratamos de hacer fructificar han de ser regadas y alimentadas con el amor en nuestras familias, en nuestras comunidades, en el trato fraternal con toda la Creación y en la Iglesia. La Jornada Jubilar estaba llamada, pues, a convertirse en una poderosa invitación a aprender a mirar con los ojos poéticos y místicos de Francisco toda la realidad. Y para ello, concluyó el hermano José Luís, necesitamos renovar el espíritu de gratitud de Nuestro Seráfico Padre, restituyendo todos los bienes al Señor.
Acto seguido, los presentes se han trasladado en procesión acompañada de cánticos, por la calle hasta la Iglesia del mismo Convento. Una vez allí, y después de un breve examen de conciencia dirigido por el hermano José Vicente, se ha procedido a las confesiones y absoluciones individuales.
Posteriormente, se ha celebrado con el mayor fervor y reverencia la Eucaristía jubilar, al finalizar la cual, los presentes han podido venerar la reliquia de San Francisco. La Eucaristía jubilar presidida por el hermano Sebastián López y concelebrado por los hermanos de la fraternidad y dos sacerdotes diocesanos; en la homilía el hermano Sebastián insistió en que “la misa es Jesús y participamos para ser como Jesús en todo y siempre”.
La jornada se cerraba, como no podía ser de otra manera considerando el talante franciscano, con el acto de compartir con los hermanos unos alimentos amorosa y cuidadosamente preparados y con el ambiente lúdico de una tómbola solidaria, el beneficio de la cuál irá destinado a la misiones que los franciscanos sostienen en diversos lugares del mundo.
En definitiva, un día lleno de gozo por haber saboreado la misericordia del Señor en unión de quienes procuramos vivir en nuestras fraternidades el espíritu de Francisco.
Salvador Quijal Pardo, OFS
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