10 de mayo: Día de las Misiones franciscanas
Como ya es habitual en la Provincia de la Inmaculada Concepción, el segundo domingo de mayo celebramos el día de las Misiones franciscanas, por su proximidad con el domingo del buen pastor, y porque el tiempo de pascua es un tiempo propicio para las misiones y evangelización.
El lema que este año hemos elegido dice así: "He concluido mi misión: que Cristo os enseñe la vuestra", parafraseando el texto de San Francisco que recoge Tomás de Celano (2Cel 214) al final de sus días, ya que estamos celebrando el ochocientos aniversario del Tránsito de San Francisco. Os dejamos aquí:
A continuación una reflexión de Fr. José Luis Coll, tantos años misionero en Perú y ahora miembro de la Comisión provincial de Misiones franciscanas.
¿Somos misioneros?
La respuesta ya la sabemos, naturalmente que somos misioneros, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, la misión en una dimensión esencial de nuestro carisma franciscano. Hemos nacido para vivir el Evangelio y para darlo a conocer a todas las gentes.
Sabemos por el Evangelio que Jesús llamó a los doce para “estuvieran con Él y colaborar en su misión” (Mc 1, 16) y, también sabemos que Francisco de Asís al pedir cual era lo que el Señor quería de esta nueva familia que estaba naciendo, uno de los textos que señaló el Espíritu fue acerca de la misión:
“el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: 'La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino" (Lc 10, 1-3)
Por tanto, la misión y ser misioneros están en la medula de la fraternidad y de cada hermano, de tal manera que renunciar a la misión nos lleva a empobrecer nuestra vida. La misión nos saca de nuestros claustros comunitarios y personales, es una llamada y respuesta inapelable al Señor Resucitado que nos dice:
“Id por el mundo entero pregonando la buena noticia a toda la humanidad” (Mc 16,15)
Hace años alguien dijo que nuestra sociedad es “tierra de misión” anunciando el fenómeno de la secularización que nos invadió, esto nos obligó a plantearnos una nueva evangelización con nuevos métodos y caminos en el que se tiene en cuenta las necesidades y búsquedas de las personas de hoy; hemos tenido que hacer un gran esfuerzo, y hemos ganado en creatividad, eso no se pone en duda, pero hemos de seguir en este empeño por continuar dando a conocer a “Jesús y su Evangelio”, es nuestro “tesoro”.
Ahora bien, existe otra misión, la que llamamos “ad-gentes”, esa misión que brota del mensaje de Jesús y de Francisco, que quiso y fue a tierra de misión, a las fronteras. Es más, el capítulo XII de la Regla bulada, lo dedica a la misión ad-gentes cuando se dice “los hermanos que, por inspiración divina, quieran ir entre sarracenos y otros infieles, pidan por ello licencia a sus ministros provinciales” (2R 12, 1).
Francisco tuvo un sueño, el sueño de una “fraternidad misionera”, al igual que él, estamos llamados a salir de nuestros ámbitos conocidos para ir y estar en otros ámbitos y continentes donde se precisa una nueva evangelización que pasa por el Anuncio del Reino y de su justicia, por acompañar procesos de dignificación de vida y liberación de sufrimientos a causa de la pobreza.
Esta misión tan necesaria y urgente, se está perdiendo, quizá nos falte “conciencia misionera”. ¿Cómo se adquiere esta conciencia misionera? La formación es un requisito básico, una formación que contemple los escritos de Francisco acerca de la misión, el recuerdo permanente de nuestros misioneros, por cierto, cada vez menos y también lugares de misión; gozamos de misioneros insignes como San Francisco Solano (Montilla, Córdoba, 1549, misionero en América (Cartagena de las indias, Colombia, Panamá y Perú donde desarrolló una amplia evangelización); Junípero Serra (Petra, Mallorca), en 1749 cumplió su sueño misionero partió para América, fue primero a Méjico y más tarde a California, fundó nueve misiones; San Carmelo Bolta (Real de Gandía, Valencia) Y Francisco Pinazo (Alpuente, Valencia), misioneros mártires en Damasco en 1860; el beato Francisco Gálvez (Utiel, Valencia), misionero en Japón, a finales del siglo XVI y tantos otros de nuestras provincias que partieron para tierra de misión dejando lo mejor de sí mismos para anunciar el Evangelio que nos salva.
¿Dónde estamos en la actualidad? ¿No nos estamos replegando en nuestros ámbitos más cercanos? Si dejamos de formarnos en esta conciencia misionera y de estar en lugares de misión “ad-gentes”, me atrevo a decir que nos estamos empobreciendo cada vez más y más.
Los jóvenes que añoramos en nuestras fraternidades, esos jóvenes de hoy, sabemos que en su ser más íntimo, existe un anhelo de entrega valerosa y generosa; ellos necesitan lugares y espacios que “toquen la carne de las mil pobrezas”, esas pobrezas escandalosas que se convierten en un grito que rebota al corazón del joven y de los que no son tan jóvenes.
El Señor nos llama a través de los pobres que claman al cielo en búsqueda del verdadero Dios, de dignidad, de esperanza, de justicia y de paz. Jesús nos ofrece en el Evangelio el criterio con el que hemos de misionar: “Cualquier cosa que hiciste por uno de estos pequeños a mí me lo hiciste” (Mt 25, 40). Hay una total identificación entre los pobres y Jesús.
Evangelizar, ir de misión, ser misionero, son palabras que han de estar en el corazón de cada hermano menor, de verdad, ¿están el tuyo? ¿están en los hermanos? ¿hablas de la misión? ¿se habla y se hace algo por las misiones y misioneros en nuestras fraternidades, asambleas y capítulos? ¿Qué nos está pasando?
El papa Francisco solía decir cuando algo le parecía que era grave: “Aún estamos a tiempo”, eso aún estamos a tiempo si queremos de verdad, si abrimos nuestra mente y corazón a esta verdad de nuestro carisma franciscano.
¿Somos misioneros? ¿soy misionero? ¿En qué se nota? ¿Qué hago y que estamos haciendo para que no se pierda nuestra conciencia misionera? ¿Necesitaremos ser más audaces o de qué otra cosa? Como decía Jesús al joven rico: “una cosa te falta” (Mc 10,21). ¿Qué nos falta a nosotros? ¿Nos falta conciencia misionera, audacia, generosidad…?
Aún estamos a tiempo, si quieres, si queremos.
Fr. José Luis Coll
Si deseas colaborar con nosotros, o enviarnos alguna colecta o donativo para las Misiones franciscanas, nuestros datos son:
Titular: Provincia Inmaculada Concepción
ES48 0075 7007 8207 0311 8962
Que el Señor te bendiga
Fr. Luis Quintana,
Animador provincial de las Misiones franciscanas
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