La Juventud de Asís albaceteña por Jumilla. Una experiencia personal.

Una de las muchas cosas que nos ilusiona el ser cristianos franciscanos, es poder disfrutar de una actividad única, capaz de despejarnos la mente de la ajetreada ciudad, y de acercarnos un paso más a aquella persona que dio su vida por salvarnos, que a veces, por la rutina diaria y por pereza no rezamos. Sí, esa persona es Jesús, nuestro “Camino, verdad y vida”, que bien sabemos del testimonio del apóstol Juan.

Con mucha ilusión de volver a profundizar en nuestra fe, y vivir en familia como buenos hermanos que somos, nuestro hermano, fray Miguel, nos recomendó realizar nuestra convivencia en el Convento de Santa Ana del Monte en Jumilla, que se remonta al siglo XIV, según los padres franciscanos del lugar. Para los que no sepan acerca de la historia de este convento, solo citaré algunos datos importantes del mismo. En agosto de 1573, dos frailes franciscanos ocuparon una ermita que estaba dedicada a la Abuela Santa Ana. En ese mismo año, la Comunidad de franciscanos amplió el espacio de la ermita hasta la “Fuente de la Jarra” para edificar lo que hoy es el Convento de Santa Ana. Ahora, sin enrollarme más en el asunto, vamos a explicar nuestra experiencia.

Al descargar nuestro equipaje, los que no habíamos estado en el convento, nos sorprendió su amplísimo tamaño, y a la vez, su calidez y recogimiento. A la par que explorábamos el lugar, nos enamoramos al instante de su huerto, de su variada flora silvestre, de su estanque lleno de carpas y las distintas capillas que adornan sus lindes. Al mismo tiempo, de la Fuente de “La jarra” a las afueras del mismo, y del paseo botánico, donde las flores malvas o el tomillo crecen entre frondosos árboles. Un encanto de lugar, y no hablemos de su gente, que es amable y buena, tanto vecinos como los frailes que se encargan del convento. En general, una pasada.

Durante este fin de semana, (5 al 7 de abril) hemos afianzado conceptos básicos de nuestras obligaciones como cristianos, como las partes de las misas, o afianzar nuestro conocimiento sobre el sacramento de la penitencia en todos sus ámbitos. También hemos hecho dinámicas para conocernos a nosotros mismos, y hemos disfrutado de una "francisfiesta" (por cortesía de Amanda), o de un cinefórum con la película “Ni uno menos” donde hemos disfrutado, nos hemos divertido, y sobre todo, nos hemos afianzado aun más en el grupo. También, en estas palabras, quisiéramos agradecer a los hermanos que nos han abierto las puertas de este convento y, sobre todo, a nuestro queridísimo fraile y hermano Antequera la posibilidad de haber disfrutado de este finde, que seguro nuestras memorias no olvidarán. Ah, se me olvidaba, muchísimas gracias a la cocinera, la hermana Antonia, por habernos preparado unos menús y unos pasteles que estaban para chuparse los dedos.

 José Javier Gómez Martínez y Alberto Hernández Lozano.

 

 

[1]Padres Franciscanos “Imágenes de Santa Ana del Monte. Edición Conmemorativa del 425 Aniversario de la Fundación de Santa Ana”. Jumilla. 1998. Pág. 5

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